52 días. Eso alcanzó a estar Wonder Woman como Embajadora Honoraria en las Naciones Unidas. El plan que la usaría para empoderar a las mujeres y niñas durante 2017 se acabó.

¿Por qué? Según Reuters, todo estaría vinculado a las más de 45.000 personas que firmaron una petición online pidiendo al Secretario General de la organización Ban Ki-moon reconsiderar la elección del personaje.

Aunque los creadores originales pueden haber intentado representar a Wonder Woman como una guerrera fuerte e independiente con un mensaje feminista, la realidad es que la iteración más común es una mujer blanca de grandes pechos con proporciones imposibles.

La ONU no ha confirmado que se deba a esa presión, con el portavoz Jeffrey Brez asegurando que el uso de personajes de ficción suele durar pocos meses y mencionando a Angry Birds como ejemplo (usados para una campaña ambientalista por sólo un día). Pero todo esto no tendría sentido ya que cuando se anunció su nombramiento eran claros los planes de utilizar su rostro en 2017, en especial con su película que sale en junio del próximo año.

¿Fueron acaso los manifestantes que estuvieron fuera de la ONU reclamando por su nombramiento? ¿Fueron esos 45.000 los responsables?

Sólo puedo sentir pena. Pena de ver cómo uno de los íconos más relevantes del siglo XX es enjuiciada por unos pocos. Pena de que no sean capaces de ver un legado de décadas tratando la libertad de las mujeres y su empoderamiento, por su rol como la primera superhéroe de la historia y su misión de traer la paz desde la Isla Paraíso al “mundo del patriarcado” y luchar “sin temor por las mujeres y niñas oprimidas en un mundo hecho para/por hombres”.

Pena de leer que no pueden ver más allá de su traje, que como decía DCWomenKickingAss, es un metáfora cruel de cómo nos tratamos -y somos tratadas- las mujeres. De que si andamos con poca ropa somos maracas y putas; si salimos de noche mostrando un poco de piel nos buscamos ser violadas, que lo andamos llamando. Si muestras tus piernas es obvio que los hombres te dirán “piropos” en la calle y no quieran llamarlo como realmente es, acoso callejero.

Me decepciona ver que en verdad es todo una muestra del mundo que nos juzga pero que peor aún, muchas veces nosotras mismas creamos. Nos tratamos de estúpidas, feas y todo garabato horrible que los hombres nos han dicho, sin tener ni un poco de respeto por esa mujer que lucha igual que tú y que intenta hacerse un lugar en este mundo y tener un poquito de paz.

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¿Por qué nos tratamos así? ¿Por qué nos ocultamos también en el grupito de amigas que destruyen a la otra diferente? ¿Por qué le “hacemos el vacío” a las que no nos caen bien? ¿Por qué pelamos cómo la otra anda vestida y la juzgamos si usó la misma ropa?

Todas estas cosas me han pasado, e incluso, las únicas dos veces que alguien me ha hecho llorar por algo que escribió en Internet fueron mujeres. Y lloré de la decepción, de cómo se rompe mi corazón cada vez que veo que una mujer -más aún cuando se dice feminista- te trata de estúpida.

O cuando iba a la marcha #NiUnaMenos y un tipo me cortó el paso, sin dejarme pasar por unos cuantos minutos -que se sintieron horas- hasta que logré zafarme y me dijo al pasar que le mandara fotos cuando llegara a mi casa. Asco. Asco de que dos chicas que iban detrás mío sólo atinaron a decir: ‘¿ves? Por eso hay que marchar’. NO. Por eso hay que moverse de verdad, tratarnos mejor, ayudarnos, apoyarnos, no echarnos para abajo, pelarnos, difamarnos, inventar tonteras que los otros van después y repiten.

Ya basta. No puede ser que nos hayamos cegado tanto que juzgamos a un personaje como Wonder Woman por estar tan sexualizado cuando en verdad estamos repitiendo lo que nos han dicho toda la vida. Si no partimos por/entre nosotras, nada cambiará nunca. Ya basta…