EL DESEO DE AÑO NUEVO DEL INCREÍBLE NEIL GAIMAN

Como cada año, espero en estos días el deseo de un nuevo año de Neil Gaiman. Antes todo fue sobre cometer errores, aprender y hacer cosas. Ahora, todo se trata de perdonar a otros y perdonarnos, ser buenos con nosotros, entender al otro, hacer que nuestro tiempo cuente, hacer cosas y sacarlas al mundo para que puedan disfrutarlas, abrazar, sonreír y amar mucho.

Les dejo a Neil:

Be kind to yourself in the year ahead.
Remember to forgive yourself, and to forgive others. It’s too easy to be outraged these days, so much harder to change things, to reach out, to understand.
Try to make your time matter: minutes and hours and days and weeks can blow away like dead leaves, with nothing to show but time you spent not quite ever doing things, or time you spent waiting to begin.
Meet new people and talk to them. Make new things and show them to people who might enjoy them.
Hug too much. Smile too much. And, when you can, love.
Feliz 2015 chic@s, sigan soñando, sigan imaginando y creando un mundo mejor por estar en él.
Un abrazo a tod@s.

Comics que leer antes de morir: The Sandman

Algunas cosas no cambian. La gente ama, muere, sueña, destruye, desespera y enloquece. Cumplen su destino, viven el curso de sus vidas.

Hace mucho tiempo quería hacer una sección donde revisara sólo obras significativas, memorables y eternas, aquellas que cambian las cosas, que te ofrecen un nuevo punto de vista o reemplazan viejas ideas, que te remecen o simplemente te conmueven.

Hay una serie de libros hechos con la promesa de que aquello que te están recomendando debe ser experimentado antes de morir, así que por qué no hacer lo mismo pero en modo infinito (me gusta pensar que la Internet no tiene límites, aunque yo muera y este sitio quede sólo como parte de una memoria inmaterial). Acá irán las obras que sigo amando después de años o las que voy descubriendo que valen la pena, es probable que la mayoría sean novelas gráficas o series que ya finalizaron, de modo que puedan buscarlas y leerlas hasta el final.

Y una sección así sólo podría partir con la obra más importante de mi vida: THE SANDMAN.

Lo he dicho antes, me es imposible escribir de esta obra sin mezclarla con mi propia historia. The Sandman llegó justo después de que un primo hermano muriera a los 19 años. Su hermano me mostró la historia de Destino y con quince años sentí que las cosas tenían un poco más de sentido, y al mismo tiempo, otras preguntas dejaron de rondarme.

Después de esas pocas páginas recopiladas en The Endless Night descubrí que existían mundos maravillosos y comenzó una de las lecturas/aventuras más ricas de mi vida. Primero la leí en español y en digital, aún no manejaba tan bien el inglés y menos para el nivel que utiliza Neil Gaiman; y en digital porque en Curicó aka Smallville no llegaban esos títulos para comprarlos ni menos a la biblioteca.

The Sandman se lanzó en 1988 a través del sello Vertigo, la línea para lectores maduros de DC Comics e incluyó en su primer número referencias a la Liga de la Justicia y a su antigua versión. La serie se centra en Sandman, Morfeo, la representación antropomórfica de Sueño, y sus hermanos Destino, Muerte, Sueño, Destrucción, Deseo, Desesperación y Delirio. Estos siete personajes componen a los Eternos, que no son reyes ni dioses sino la personificación de tales conceptos.

The Sandman es de esas historias que si amas, más allá de no dejarla te marcan. Como esos libros que alguna vez leíste cuando niño o adolescente y nunca olvidaste, de esos que definieron lo que querías hacer. De ese tipo de comic estamos hablando aquí. Aquellos que se quedan siempre presentes, que te hacen mezclar la realidad con la ficción, o que te hacen desear que nuestro mundo sea como el de las historias.

En cuanto a su estilo, no es fácil catagorizarlo, durante sus 10 tomos -más los especiales-, pasan decenas de dibujantes. De dibujos cargados de detalles, de simples trazos, de colores luminosos a pasajes oscuros, la serie cuenta con una variedad maravillosa. Sin duda, además de su historia, es una maravillosa muestra del talento de los artistas de una época así como del potencial del medio y la alquimia hermosa que puede obtenerse cuando mezclas una gran historia con un gran dibujo.

Así, The Sandman terminó convirtiéndose en una especie de biblia. Un texto al que siempre vuelvo y que siempre parece tener la palabra acertada y precisa para nombrar lo que siento, traspasando emociones e ideas en imágenes imperecederas. Cada cierto tiempo abro algún especial como El Alto Coste de la Vida o el mismo Noches Eternas y me sumerjo en el increíble mundo que creó Neil Gaiman.

Gaiman, un hombre con una creatividad y genialidad increíble. El creador de Coraline, American Gods y tantos otras novelas, que alcanzó su mejor trabajo en The Sandman, evolucionando en cada número y logrando instalarse como un artista que de seguro ha inspirado muchas otras historias. Porque Gaiman más que crear superhéroes, historias fantásticas, aventuras y acción, creó un verdadero universo, un universo con imágenes eternas y brillantes.

Sandman es por lejos mi historia favorita, como si los eternos me dijeran algo que aún no puedo precisar. ¿Será que todo parece tan irreal que al final lo que más tenemos a mano, de lo único que podemos aferrarnos son las historias de otros? ¿Será que Muerte nos da más esperanzas que los Dioses en los que nos han querido hacer creer? ¿Será que Deseo es tan potente como para quedarse en nuestro corazón y desde allí jugar con nosotros?

De alguna forma, cuando lees The Sandman vas descubriendo ecos de ti y aunque suene cliché, te vas conociendo un poco más. Porque hey, después de todo, hay sótano en todos.

“When the first living thing existed, I was there, waiting. When the last living thing dies, my job will be finish. I’ll put the chairs on the tables, turn out the lights and lock the universe behind me when I leave”.

“Look, I’m sorry it’s over too. But good things have to end; stories have to end. It’s what gives them meaning. You know that too”.

Mi héroe: Mary Shelley, por Neil Gaiman

El frío y húmedo verano de 1816, una noche de historias de fantasmas y un desafío permitieron a una joven mujer delinear la oscuridad y brindarnos una forma de ver el mundo.

Se encontraban en una villa en las orillas del lago Lemán (o de Ginebra): Lord Byron – el poeta bestseller, demasiado peligroso para los salones de Inglaterra y, por ende, en el exilio; su doctor, John William Polidori; el poeta y ateo Percy Shelley; y su prometida de 18 años Mary Shelley. Fueron leídas historias de fantasmas, entonces Byron desafió a todo el grupo a inventar una nueva historia. Él empezó una sobre vampiros, aunque nunca la terminó; Polidori completó “El Vampiro”; y la joven Mary Shelley -ya entonces madre de un niño pequeño y de otro muerto- imaginó la historia sobre un hombre que fabricó una criatura viviente, un monstruo, y le insufló vida. El libro, escrito en el año siguiente, e inicialmente publicado en el anonimato, fue Frankenstein o el Moderno Prometeo, y lentamente lo cambió todo.

Las ideas surgen cuando es el tiempo propicio para ellas. El terreno había sido preparado. La ficción gótica se estaba popularizando desde hace algún tiempo: oscuros y determinados hombres vagaron por los corredores de sus hogares ancestrales, encontrando pasajes secretos y parientes fallecidos, mágicos, miserables, ocasionalmente inmortales; mientras la ansiosa búsqueda de la ciencia había descubierto que las ranas podían retorcerse y tener espasmos después de morir cuando se les aplicaba corriente y, en una era de cambio, mucho quedaba por descubrirse todavía.

Brian Aldiss señala a Frankenstein como el primer trabajo de ciencia ficción (que él define como la arrogancia siendo completamente aplastada por un nemesis) y puede estar en lo cierto. Era el lugar y el tiempo donde la gente aprendió que se podía otorgar vida desde la muerte, aunque una oscura, peligrosa e indomable forma de vida, una que podría, al final, volverse contra nosotros y hacernos daño. Esa idea, mezcla entre lo gótico y el romance científico, fue lanzada desde y hacia el mundo, convirtiéndose en una metáfora clave de nuestros tiempos. La brillante promesa de la ciencia, ofreciendo vida y milagros, y la innombrada criatura en las sombras, monstruo y milagro, todo en una, de vuelta desde la muerte, en busca de conocimiento y amor pero apta, al final, sólo para la destrucción… fue el regalo que nos hizo Mary Shelley, y seríamos infinitamente más pobres sin él.

Fuente: The Guardian.

Series favoritas: Mad Men

Mad Men vendría a ser algo como el opuesto de The Sandman pero igual de poderoso. ¿Por qué? Una de las cosas que me cautivó de la historia de los Eternos eran sus personajes: me hacían reír, me conmovían, a ratos les temía pero siempre, de una u otra forma, los entendía y terminaba deseando que varios de ellos existieran de verdad. Me gustaba pensar que había alguien como Deseo moviéndose detrás de nosotros, moviéndonos a hacer algo, quizás como una especie de Dios a quien culpar o por la simple esperanza de querer que alguien como Muerte nos acompañe al otro lado.

En Mad Men, los personajes también se meten dentro, pero esta vez “no” hay fantasía y todo se vuelve tan real que comienzas a temer si en realidad de esto se trata, que es posible que jamás seamos realmente felices porque en verdad ni siquiera sabemos lo que podría darnos eso, o nos sentimos tan cerca de tenerlo todo, exactamente cada una de las cosas que soñamos sin saberlo pero que las sentimos, y algo pasa a último momento que nos impide disfrutar aquello por lo que luchamos tanto.

“The price of getting what you want, is getting what once you wanted”, el precio de obtener lo que quieres es tener lo que quisiste, eso decía Neil Gaiman, y Mad Men es el ejemplo perfecto de esa metáfora. En la serie, cada personaje es su propio peor enemigo y al mismo tiempo es lo único que tienen; cargan con sus secretos, sus culpas, y viven ahí, en una oficina, cada uno con sus fantasmas intentando algo que -sabemos- jamás será como lo pensaron y aún menos,  como nosotros pensamos que sería.

Don Draper es Sueño, aquel personaje que deberías odiar pero que al final siempre terminas sintiendo lástima por él, quieres decirle que todo va a estar bien aunque sabemos que no será así y seguirá autosabotéandose.

Hace un tiempo un primo me decía: queremos ir a Brazil para el mundial, unos quieren tomar un avión y llegar allá, yo digo que tomemos un bus y vivamos la experiencia de recorrer todas esas ciudades y países hasta allá, vamos a llegar igual a vivir el mundial, pero habremos pasado por todas esas otras experiencias. Así igual pasa con las buenas series como Mad Med.

Como en todo buen viaje, lo importante no es el punto de destino, sino el trayecto. El moverte con los personajes, adivinar intenciones, pensamientos, sensaciones. Mad Men no tiene la acción a la que tanto nos ha acostumbrado Hollywood. Nos acostumbramos a tener todo en bandeja: los diálogos, las acciones, todo está allí en pantalla. Nos acostumbraron a no pensar, a darnos las cosas sabidas, al giro fácil, el cliff hanger preciso para mantenerte al borde del asiento.

Pero Mad Men va más allá y juega con los hipertextos, con los hechos de la historia que conocemos (como la crisis de misiles de Cuba o el asesinato de Martin Luther King) revolviendo nuestros recuerdos, pero mejor aún, dejando que las sensaciones de ese momento se cuelen en los personajes y en sus historias, no como simples objetos de decoración sino como parte fundamental del escenario y su trama.

Así, Mad Men se convirtió en una de mis series favoritas. Siempre digo que no es una serie para todos, requiere de tu concentración, de tu atención, de que chequees datos, información en tu cabeza, que compares, que sepas leer el lenguaje corporal, lo no dicho, las miradas de cada personaje y lo que has ido recorriendo con ellos.

Hay una escena que representa esto perfecto:

La hija de Don, Sally llega a su oficina traída por una mujer que la encuentra en el tren después de arrancarse de su casa. Ella escapa porque quiere vivir con su padre después de la separación. Todo va bien, hasta que al día siguiente, Don le dice que debe volver con su madre. Sally grita y llora, pero nadie la escucha por lo que decide correr nuevamente. Entonces, en el pasillo de esa gran oficina se cae, Megan -la nueva secretaria de Don- la abraza y le dice que todo estará bien, pero ella avergonzada y con la voz débil le dice que no, nunca nada estará bien. Y la ves rendida, pero al mismo tiempo madura, en ese momento en que te das cuenta que dejaste de ser niño y las cosas no serán nunca más fáciles ni simples. Ella está ahí, reconociendo lo que se viene como un óraculo, mientras todas las otras mujeres de la oficina (y las protagonistas femeninas de la serie) la miran también y se dan cuenta de que lo que dice es una verdad terrible para todos.

Porque como dijo Neil en The Sandman, de eso se trata crecer ¿no? De dejar cosas atrás. Siempre debes dejar algo o alguien detrás.

Sean valientes y disfruten: el deseo de Neil Gaiman para 2013

Con cada nuevo año, viene un nuevo deseo de Neil Gaiman. En 2012 fue que cometiéramos errores, que intentáramos, que nos empujáramos a hacer cosas que nunca habíamos hecho y nos sintiéramos vivos en ese proceso. Y así fue, cometí uno de los más grandes y aunque perdí mucho, incluso de lo que era, aprendí cosas que de otra forma tal vez ni siquiera habría notado.

Y este 2013, su mensaje viene perfecto:

It’s a New Year and with it comes a fresh opportunity to shape our world.

So this is my wish, a wish for me as much as it is a wish for you: in the world to come, let us be brave – let us walk into the dark without fear, and step into the unknown with smiles on our faces, even if we’re faking them.
And whatever happens to us, whatever we make, whatever we learn, let us take joy in it. We can find joy in the world if it’s joy we’re looking for, we can take joy in the act of creation.
So that is my wish for you, and for me. Bravery and joy.
Disfruten cada momento, cada persona que llega a sus vidas aunque sólo sea para decir un buenos días a través de la pantalla, disfruten crear no sólo obras imaginadas sino esta creación imperfecta que es simplemente vivir. Y háganlo todo con la valentía necesaria para atreverse a caminar en la oscuridad. Un abrazo para tod@s, y gracias por seguir aquí leyendo.

Multiverso comiquero | 150 portadas de Navidad, entrevista a Art Spiegelman y Will Eisner, los favoritos de Chris Ware y las mejores declaraciones de 2012

Hace mucho quería compartir los mejores links que leo cada semana, así que justo antes de que termine el año arrancamos con la primera versión del Multiverso Comiquero donde esperemos cada lunes podrá encontrar extractos de entrevistas, nuevas iniciativas, recopilaciones, todo lo que me parezca destacable dentro de la larga lista de sitios que reviso diariamente.

  • Art Spiegelman en entrevista con El País de España, habla sobre “MetaMaus”, el libro definitivo que cuenta el proceso de creación de “Maus” -que llevó cerca de 13 años-, y responde varias preguntas fundamentales cómo por qué ratones y por qué contar una historia tras potente a través del comic.

Maus mostró que el tebeo podía ser tan interesante como la literatura o la pintura, que podía tratar un tema enorme como el Holocausto”.

Sin embargo, 20 años después, su relación con “Maus” sigue siendo contradictoria. “El hecho de que tuviera tanta difusión me parece un regalo y un desastre. Me aportó seguridad económica, pero nunca podría haber previsto la carga de intentar no estorbar a la obra. Había contraído una obligación con los muertos”.

  • Uno de las mejores listas que he visto hasta ahora: las mejores declaraciones de 2012, una tremenda revisión a las palabras y momentos claves del año de acuerdo al WashingtonPost. Desde el “Make Good Art” de Neil Gaiman a las palabras en memoria de Joe Kubert o Spain Rodríguez.

Pronto vendrá nuestra selección, seguimos leyendo y sorprendiéndonos hasta el final.