La historia de la lucha de las mujeres por sus derechos es extensa. Podría decirse que comenzó con la Revolución Francesa, con mujeres como Olympe De Gouges, pero se tiene más claro con la Revolución Rusa donde varias mujeres obreras hicieron huelga en San Petersburgo, la que raudamente se extendió a otros gremios y sectores de la población, y que culminó en octubre con la toma del poder por parte de la clase trabajadora.

Los eventos que hacen conmemorar esta fecha fueron las protestas de más mujeres trabajadoras. El 8 de marzo de 1857, obreras textiles salieron a las calles de Nueva York a protestar por sus condiciones laborales pero no les ofrecieron nada. Luego, un 25 de marzo de 1911, trabajadoras de una fábrica textil (Triangle Shirtwaist) murieron por causa de un incendio y porque no pudieron escapar del recinto pues estaban cerradas todas las puertas y salidas. Esta tragedia es lo que hace recordar principalmente, el motivo del 8 de marzo.

Sin embargo la lucha de las mujeres no cesó. Durante años, y conocida como la primera ola feminista (1830-1900), esta tuvo motivos principalmente sufragistas que duraron hasta pasado el período entreguerra.

Primera ola del feminismo. Ilustrado y sufragista.

En 1949, se publica El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, obra que cumple un rol fundamental en la evolución del movimiento feminista. En el libro, de Beauvoir, buscó explicar la subordinación de la mujeres en la sociedad. Y partió con la idea de que ser mujer es una construcción social más que biológica. La idea de ser femenina, de lo que nos debe gustar como niñas, el comportarnos como “señoritas”, todo eso con el objetivo de estar a función de un mundo masculino.

Con esta base teórica, los movimientos regresarían con mayor fuerza en los sesenta. En la etapa de la deseada revolución donde la segunda ola feminista (1960-1980) buscó la liberación de la mujer, y se unieron los colectivos de mujeres afroamericanas y la Amenaza Lavanda (agrupación de mujeres lesbianas y bisexuales). En 1975, la Asamblea General de la ONU fijó el 8 de marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. Esto hizo que otros países pusieran este día oficialmente en sus calendarios. Todo esto gracias a la lucha de la alemana Clara Zetkin.

Segunda ola del feminismo. Liberación de la mujer. Derechos sexuales, reproductivos y equidad salarial.

Llegando a la década del 90, la etapa del 2000 y los años más recientes, ha florecido la tercera ola feminista. Muchos la han criticado hasta el cansancio, pero es evidente que esta nueva faceta del feminismo ha crecido para agregar demandas más profundas. Derechos políticos, sexuales, laborales, que incluyen a todo tipo de mujeres, de distintos cuerpos, etnias, nacionalidades y colores de piel. Un feminismo internacional que toma su faceta radical de los setenta al tener como principal enemigo al patriarcado y la heteronorma. Sistemas que nos oprimen a todas las personas.

Desde que pisamos la tierra, desde que tenemos conocimiento de nuestra propia existencia hemos sido víctimas del sistema patriarcal que nos norma, exige y reprime a las que estamos fuera. Parte con la construcción heteronormada, luego sigue con la competencia femenina y el odio y culpa a otras mujeres. Continúa la cosificación del cuerpo y sexualidad femenina -o eres puta o mojigata-, el sexismo en todo aspecto (incluso en los fandoms).

La constante misoginia que se expresa en odio a todas las mujeres, a trabajadoras sexuales, a mujeres de color, mujeres pobres, gordas, flacas, etc. Misoginia hacia las lesbianas, bisexuales, transexuales y homosexuales (porque todo lo considerado femenino o asociado a la mujer es visto en forma negativa de una u otra forma).

Tercera ola del feminismo. Movimiento contra el sistema heteropatriarcal. Feminismo Interseccional.

Y agregamos el acoso sexual, laboral, abuso y violencia de género llegando hasta el femicidio. Para además aguantar cada insulto y furia de hombre que se siente ‘oprimido’ cuando levantamos nuestra bandera a favor de nosotras, y de un mundo mejor.

Llevamos siglos -quizás más tiempo- enfurecidas y cansadas de tantas injusticias, nuestra lucha es interminable pero continuaremos. Por aquellas que nos consiguieron el voto, y otros derechos. Batallaremos como amazonas, con aquelarres de brujas, como princesas galácticas y con rapadas furiosas por todo lo que nos han quitado.

El 8 de marzo no celebramos, no queremos regalos ni dulces, flores, chocolates ni peluches, queremos que nos ayuden en nuestra lucha. En esta fecha conmemoraron a cada mujer que sacrificó su vida por un bien mayor, porque la empatía y solidaridad puede más que cualquier cosa. A eso, le llamamos sororidad.