Hace mucho, mucho tiempo se me ocurrió escribir una columna parecida a esta basada en el concepto de una serie de televisión sobre vampiros. De eso pasaron como dos años, y la serie estrenó su cuarta temporada. Aún así, quiero rescatar ese concepto para expresar mejor en esta columna lo que -lamentablemente- aún nos falta por entender.

Cuento corto. La historia de vampiros se llama The Originals, y el concepto es sobre el apoyo entre mujeres o como decimos las feministas: la sororidad. Esta idea viene en la personalidad de Rebekah Mikaelson (Claire Holt), la rubia que proviene de la familia de los primeros vampiros basados en los libros de L.J. Smith. Rebekah en la serie ha tenido momentos donde ha colaborado con otros personajes femeninos que no necesariamente tengan que ser sus aliadas.

En la primera temporada, ella cuenta cómo rescató a un grupo de chicas de unos hombres que querían abusar de ellas en la antigua Nueva Orleans. Eran conocidas como las Casket Girls -porque portaban en ataúdes sus pertenencias. Rebekah asesina sin piedad a los atacantes, y se disculpa con las chicas por el mal comportamiento de estos. Admite que en casos de violencia patriarcal, es mejor que se unan a ella, porque las chicas deben mantenerse juntas.

En otros momentos de la serie, Rebekah ayuda a los personajes de Camille O’Connell (Leah Pipes) y Davina Claire (Danielle Campbell). También se une a Hayley Marshall (Phoebe Tonkin) para detener los planes de sus hermanos diciendo que nunca ha sido fan de los club de chicos. Que está harta de ser reprimida por ellos. Ayudó también a una chica bruja de ser brutalmente golpeada, sin saber que resultaría ser su hermana Freya (Riley Voelkel). “¿Por qué lo hiciste?”, preguntó una confundida Freya, a lo que Rebekah respondió “Porque soy una idiota o porque tal vez, me gusta la idea de que las chicas debemos estar juntas”.

Rebekah ha estado ahí, y ha comprendido a cada mujer que se cruza en su camino. No necesariamente deben ser parte de su familia (que protege a sobremanera) o sus amigas, también pueden ser sus enemigas o desconocidas que deciden aliarse cuando hay un mal mayor, en especial cuando son hombres que quieren manipularlas.

Eso es sororidad al fin y al cabo. Un concepto que resalta la empatía y amabilidad entre nosotras como mujeres (incluya también a mujeres de color y etnia, de distinta clase social -sobre todo de las más bajas- lesbianas, bisexuales, trans, homosexuales, de distintas cuerpas). Y para llegar a eso debemos eliminar toda interacción o pensamiento dañino entre nosotras. Estar unidas para pelear contra la opresión de un sistema injusto.

Fuente: Feminismo Unizar.

Eliminar la cultura de la violación, el slutshaming y el virginshaming (culpar a las mujeres por sus decisiones sexuales), la discriminación por orientaciones sexuales y de género, la vestimenta, si te maquillas o no, etc. La competitividad sea por la razón que exista, y sobre todo la justificación de la violencia.

Hay mujeres que critican a otras por esas razones y más, muchas de ellas lo hacen desde la ignorancia o porque se sienten cómodas en el sistema patriarcal y heteronormado que no piensan por ningún segundo en alguien más que no sea en sus propios privilegios.

La sororidad no busca eso. Lo que busca es alianza y apoyo para que podamos surgir. Es amor, protección, amistad. Es ayudar a la chica que está atrapada en un círculo de violencia, es salvar a la chica que está por ser acosada, o cuidarla en las fiestas cuando está pasada de copas. Es empoderar y ser positiva con el cuerpo y belleza de tu amiga. No necesariamente debe seguir patrones impuestos por el mercado. Es apoyar a la mujer que quiere abortar o la que quiere seguir un embarazo. Es hacer la denuncia, es dar un abrazo, es escuchar, es tomar de la mano y decir que cuenta con apoyo.  Es ayudar a la chica aproblemada, es ir a marchar por las calles y cuidarnos entre todas, de que nadie acose, que nadie violente. Que estemos a salvo. Para que no tengamos que decirnos el famoso “cuídate”, o  “avísame cuando llegues a casa”.

Da lo mismo quien sea. Sea vecina, madre, abuela, tía, hermana, amiga, compañera, enemiga, desconocida (sea cis, sea trans, sea lo que haya decidido ser). Hay un punto en que debemos aliarnos y formar esta hermandad. Somos las Casket Girls modernas. En los medios de comunicación se incentiva poco, y si lo hay no lo hacen tan visible. Hagamos que sea visible. Que sea un recordatorio de como podemos triunfar si somos lo suficientemente valientes para pelear por nosotras y para nosotras.

Esa era el punto de mi columna hace dos años, tiene el mismo sentido que ahora. Que debamos mantenernos juntas.