¡Una película con una super espía como protagonista es lo que se necesita por estos días! Al menos, esa premisa cumple Atomic Blonde, la película dirigida por David Leitch (John Wick) y protagonizada por la mismísima Charlize Theron.

Atomic Blonde -o Atómica– está basada en la novela gráfica de Antony Johnston y Sam Hart llamada The Coldest City. En ella se cuenta la historia de una espía que debe encontrar una lista que contiene los nombres de todos los dobles agentes que existen en el mundo, antes de que colapse el muro de Berlín en 1989.

La película no se diferencia tanto de la premisa de la novela gráfica. Atomic Blonde comienza cuando el agente de la KGB Yuri Bakthin asesina al agente James Gascoigne, y le quita un reloj donde en su interior está la lista. Tras estos hechos, la MI6 envía a la agente Lorraine Broughton (Charlize Theron) a recuperarla y asesinar a Satchel, un doble agente que ha entregado información a los soviéticos y que es responsable de la muerte de Gascoigne.

Para lograr ese objetivo debe aliarse con David Percival (James McAvoy), que la espera en Berlín del Este. Así, el juego de espías se desata y todos buscan dicha lista. Lorraine debe lidiar tanto con David, los espías de la KGB, los alemanes que quieren cruzar el muro, Satchel, y la agente francesa Delphine Lasalle (Sofia Boutella), que anda tras sus pasos. ¿En quién debería confiar Lorraine? Eso sólo puede saberse en la misma película.

La historia aparenta ser sencilla pero se pierde cuando pretenden armar el juego de los dobles espías y las traiciones entre ellos. Eso puede generar que todo se vuelva un poco confuso hasta el clímax de la misma película, que ocurre -a mi juicio- en una marcha en medio de Berlín donde se ve a Lorraine dispuesta a todo para salvar una vida.

Pero en el fondo, lo que más destaco de esta película son las secuencias de acción y de peleas de Lorraine. Ella usa todo su cuerpo y lo que tiene a su alcance en pos del combate. ¡Es que es increíble! Todo eso además lo hace con vestidos cortos y tacones altísimos, outfit que parece imposible para este tipo de secuencias. Pero no, ningún tipo de vestuario es un límite para una agente como Broughton.

Yo a Charlize Theron.

Aparte de eso, destaco la brutalidad de estas secuencias y los resultados que tiene la protagonista. Esta no es una película donde ella salga ilesa y victoriosa. Ella sangra, tiene moretones y se queja de sus dolores. Los baños de tina con agua y hielo, junto a varios medicamentos son prueba de ello. Otra cosa a favor -en parte- es el tratamiento de la diversidad sexual en el film. Lorraine es bisexual y nadie lo cuestiona. Tuvo una relación con un hombre y luego tiene acercamientos con la espía francesa.

No contaré más porque podrían ser spoilers. Aunque agrego, a modo de cierre, que me agradaron mucho los colores, las luces y los planos usados en la película, que muestran la polaridad del mundo: uno sedado por el consumo de colores chillones y toda la estética ochentera mientras que el otro es frío, gris y golpeado por donde se le mire. Todo esto acompañado por música de los ochenta, reconocible para varios, usadas en varios momentos -aunque en algunas ocasiones siento que fue demasiado- como Major Tom, 99 Luftballons y Father Figure.

Vayan a verla y disfrútenla, porque de este tipo de películas protagonizadas por mujeres no hay muchas. Además ¿quién quiere una versión femenina de James Bond cuando existe Lorraine Broughton