Últimamente se ha visto a varios ilustradores incursionando en los diarios de viajes ilustrados, por lo general volúmenes no tan extensos que mezclan una narración en primera persona en conjunto con bosquejos de paisajes, situaciones y objetos que invitan a viajar junto al artista, logrando transmitir sus vivencias en una ciudad nueva (por lo general).

¿Por qué la popularidad de este formato? ¿Es algo que los autores prefieren hacer? Sin duda, ha tenido una especie de nuevo auge y por ello tal vez fue una sorpresa el encontrar este volumen de principios de los 2000 en medio de la carpa universitaria (metro Universidad de Chile).

Araucaria: apuntes de viaje, es la reflexión del artista Edmond Baudoin quien viajó a Chile en 2003 para la Feria del Libro de Santiago y a otras actividades culturales. A través de sus páginas vamos teniendo una mirada única de las ciudades de Santiago, Valparaíso, Coquimbo, Santa Cruz, y al mismo tiempo una visión a un Chile que pareciera no existir más.

La ciudad se halla surcada por miles de buses amarillos que hacen carrera en las calles. Los choferes son pagados en función de la venta de pasajes, un poco como los taxis. Mientras más trayectos hagan, más plata ganan.

Y sé que el ruido de los motores de esas máquinas me despertará todas las mañanas y hará recordar que el sindicato de los micreros contribuyó en gran medida a la caída de Allende.

Baudoin no oculta sus pensamientos políticos, y aún más, es capaz de un par de páginas después contar que es corregido por amigos del MIR quienes le explican que no fueron los choferes de buses los involucrados en la caída del Presidente Allende sino los camioneros, cuyo sindicato fue a su vez comprado con dólares de Estados Unidos. “Que los choferes de buses me perdonen”.

A través de su pluma es capaz de dar pequeños tintes de lo que a sus ojos es Chile: muchos perros, animitas, chilenas bonitas -“a menudo un poco gorditas. A menudo sensuales”-, el orgullo por su cerveza, los concursos de besos en los “jardines de las ciudades de Chile”, el triunfo del liberalismo y las diferencias entre ricos y pobres, pero sobre todo habla de la herida que se abre al volver a escuchar ‘El pueblo unido jamás será vencido’ y la destrucción del sueño socialista.

Tengo la impresión de que toda la violencia contenida se expresa en la rabia de los microbuses amarillos que recorren la ciudad en todas direcciones conducidas como locos. Deberían desaparecer, pero ¿qué harían los santiaguinos sin esas “válvulas de escape” de su cólera?

Y más de 10 años después acá estamos sin esas válvulas de escape. ¿No les parece maravilloso repasar una obra y darse cuenta que adivinó de alguna forma el futuro?

El libro pueden encontrarlo en LOM Ediciones. Les dejo algunas imágenes del volumen como adelanto.