No recuerdo cuando vi por primera vez las Dykes to Watch Out For (que ha sido traducido como Unas Bollos de cuidado) de Alison Bechdel. Seguramente fue en los años 80, en alguno de los periódicos alternativos que leí en alguna de las ciudades en que viví durante mis 20. Crecí en una casa de tiras cómicas, con lo que me refiero a una casa con muchas antologías de tiras cómicas, destacando Peanuts, Doonesbury, Li’l Abner, y mi favorita, Pogo. Se trataba de una casa y una familia llena de excéntricos con cariño por los remates (de los chistes).

Siempre amé las tiras cómicas que mi familia amaba, la forma en que podíamos hablar sobre Lucy van Pelt o Mammy Yokum o Miz Beaver, y saber que estábamos discutiendo sobre personalidades reales que existieron a lo largo de muchos años. Una tira cómica que tus padres leyeron cuando eran jóvenes es una cosa curiosa: es una herencia de familia y es algo íntimo. Miras a través de ventanas y observas las cosas que hicieron reír a tus mayores y luego te preguntas si esa risa realmente te pertenece.

Dykes to Watch Out For era mía por completo, aunque pertenecía a cualquiera que la leyera. Seguía a un grupo de lesbianas, que se emparejaba y separaba, y eran buenas amigas y se cuidaban entre ellas. Me parecía extremadamente sofisticada, pues los personajes se veían como adultos fascinantes en los años en que yo misma intentaba descubrir cómo ser una adulta, a pesar de que ahora cuando la leo veo que maravillosa y realísticamente extrañas eran; divertidas de la forma en que los humanos son divertidos, a veces livianamente y otras veces desgarradoramente.

Ocurrió que Bechdel no solo era brillante en forma serial. En el 2006 publicó su memoria gráfica Fun Home,  un libro sobre la vida y la muerte de su padre, director de una funeraria, y luego Are you My Mother?, sobre la relación con su madre. No hay libros como esos en ninguna parte. El arte de Bechdel es hermoso, exacto pero a la vez familiar: Se siente, por querer un mundo mejor, hogareño, a pesar de leer sobre cosas inexplicables como la muerte, el suicidio, la ira y la tiranía de los secretos familiares. Una viñeta de Bechdel está llena de información, muebles, alfombras orientales, y el encogimiento de hombros de sus personajes, expresiones irónicas y giros idiosincráticos en sus enunciaciones.

Algunas obras de narrativa gráfica presionan contra la viñeta: hay que luchar con ello al nivel del papel. Los personajes de Bechdel, sus dibujos e ideas te invitan dentro. Su trabajo ofrece un lugar donde sentarse, incluso si se trata de un incómodo sillón victoriano; permite que mires a los personajes directo a la cara; les permite hablar en detalle. Como todo el buen arte, el de Bechdel señala que el trabajo de comprendernos entre nosotros es difícil y necesario, pero es el mejor trabajo que hay.

Fuente: The Guardian.