Hace un año escribí una columna preguntándome si era adecuado hablar de un feliz día de la mujer, y tras este tiempo las cosas siguen lamentablemente parecidas.

Las mujeres siguen siendo ignoradas por una sociedad capitalista y explotadora que nos presiona a seguir estrictas normas de lo que significa ser mujer, dictando los estándares de belleza, de lo que es normal, e incluso teniendo el control sobre nuestros derechos reproductivos.

La violencia sigue expandiéndose como una maleza sin control. Sólo ayer subí el primero de una serie de videos de Anita Sarkeesian (Feminist Frequency) quien gracias a un Kickstarter analiza la presentación de las mujeres en videojuegos, todo esto en base al más usado cliché en la historia de los industria -así como en otros medios- de la Damisela en Peligro. Sin embargo, el trabajo llega después de una serie de amenazas de muerte a Anita sólo por anunciar que haría la investigación. Ni siquiera había un guión, aún no se hacía ni una sola crítica y por el sólo hecho de identificar una tendencia de que los personajes femeninos eran mostrados como inferiores, pasivos y/o débiles su vida corría riesgo.

Por eso días como hoy, más que una celebración, son un recordatorio, una pausa para reflexionar, para mirar hacia el pasado sin olvido y sacar lecciones, no sólo los hombres que muchas veces culpamos y que en gran medida son responsables,  sino también las mismas mujeres. Buena parte de lo que el mundo es hoy es producto de los hombres que han tenido el control, pero siempre me pregunto por qué dejamos que llegáramos a esto, en qué momento nos rendimos, cedimos y aceptamos que esta era el mejor mundo posible.

No. No más. Es hora de tomar acción y gritar por las mujeres que cada día son golpeadas, humilladas, torturadas, castigadas por ser diferentes a lo que los hombres han establecido como normal, legítimo y por lo tanto válido. Por todas las mujeres que deben cargar con la culpa de tener deseos, de pensar de otra forma, que son discriminadas y recriminadas por sus cuerpos,  sus trabajos o sus gustos.

Personajes como Wonder Woman están ahí no sólo como una parte de la cultura popular sino como un símbolo del feminismo y del poder que reside en cada una de nosotras.  Podemos cambiar las cosas, podemos decir basta, podemos mostrarles que somos valientes, luchadoras, independientes; que ser atractivas tiene menos que ver con un escote y un trasero perfecto, y más con la inteligencia, la audacia y la sensualidad propia de cada una; que no es necesario descansar en la violencia para producir cambios, sino que la persistencia, la lógica y el amor son de las mayores armas que existen.

Vaya un gran abrazo de aliento para todas. Sigan luchando.